Ensenada, B.C., viernes 11 de septiembre de 2026.- México volvió a quedar mal parado en materia educativa. Los resultados de la prueba PISA 2025, analizados por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), colocaron al país en el lugar 37 de 38 naciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) evaluadas, con resultados que muestran un rezago particularmente marcado en Ciencias, Matemáticas y Comprensión Lectora.

El dato no es menor: mientras el promedio de los países de la OCDE alcanzó 469 puntos, México obtuvo apenas 403 puntos en el promedio de las tres áreas principales evaluadas. La diferencia representa 66 puntos menos en Ciencias, 62 menos en Matemáticas y 47 menos en Comprensión Lectora frente al promedio de la organización.
Pero detrás de los números hay una realidad mucho más preocupante: miles de adolescentes mexicanos están terminando su educación básica sin alcanzar los conocimientos que deberían permitirles desenvolverse con solvencia en problemas matemáticos, comprender textos complejos o aplicar conocimientos científicos a situaciones de la vida cotidiana.
El análisis publicado por el IMCO el 8 de septiembre de 2026 advierte que México obtuvo en PISA 2025 sus puntajes más bajos en Matemáticas y Comprensión Lectora en dos décadas. En Ciencias, la situación tampoco es alentadora: la mitad de los estudiantes mexicanos no alcanza siquiera el nivel básico de aprendizaje.

El problema no es falta de ganas
Uno de los aspectos más reveladores del estudio es que los resultados no describen a una generación de estudiantes desinteresada o indiferente ante la escuela.
Por el contrario, PISA encontró que ocho de cada 10 estudiantes mexicanos tienen curiosidad por aprender nuevos temas, una proporción superior al promedio de la OCDE. Además, casi nueve de cada 10 consideran que la escuela no es una pérdida de tiempo.
También existe disposición para pedir ayuda. El 82% de los estudiantes señala que recurre a sus docentes cuando necesita apoyo y el 86% busca ayuda de sus compañeros cuando no comprende algún tema.
Entonces, el problema parece estar en otro lugar.
La misma evaluación muestra que solamente 37% de los estudiantes planifica cómo abordará sus estudios, mientras que apenas 45% se hace preguntas para comprobar si realmente comprendió el material. Es decir, hay curiosidad y disposición para aprender, pero existen debilidades importantes en las herramientas que permiten convertir esa disposición en aprendizaje sólido y autónomo.
Matemáticas y ciencias, el mayor golpe
Los resultados más duros aparecen cuando se observa cuántos estudiantes consiguen llegar a los niveles más altos de desempeño.
En Matemáticas, apenas 0.1% de los estudiantes mexicanos alcanza los niveles altos, frente a 8% en promedio entre los países de la OCDE.
En Ciencias, solamente 0.2% alcanza esos niveles, contra 7% en la OCDE. Y en Comprensión Lectora, apenas 0.3% de los estudiantes mexicanos llega a desempeños elevados, mientras el promedio de la organización alcanza 6%.
En términos sencillos, México no solamente tiene dificultades para que sus estudiantes alcancen los conocimientos básicos; también tiene un problema serio para formar alumnos capaces de destacar en áreas que serán cada vez más importantes para continuar estudios superiores y acceder a empleos mejor remunerados.
El IMCO señala que únicamente uno de cada 200 estudiantes mexicanos, equivalente al 0.5%, alcanza los niveles más altos de desempeño considerando las áreas evaluadas.
Un problema que también debería preocupar a Baja California
Aunque los resultados de PISA corresponden al ámbito nacional y no permiten establecer automáticamente una fotografía específica de las escuelas de Ensenada, Baja California no puede mirar estas cifras como un problema ajeno.
La educación de los jóvenes de la región forma parte del mismo sistema nacional que hoy presenta estos resultados. Las dificultades en comprensión lectora, matemáticas y ciencias terminan teniendo consecuencias que van mucho más allá del salón de clases: afectan la posibilidad de continuar una carrera, adquirir nuevas habilidades, competir por empleos especializados y mejorar los ingresos en la vida adulta.
Para una ciudad como Ensenada, donde sectores como la industria, investigación, tecnología, pesca, turismo y servicios especializados requieren cada vez mayores capacidades técnicas, el rezago educativo también puede convertirse en un problema económico.
No se trata únicamente de saber cuánto obtuvo México en una prueba internacional. Se trata de preguntarse qué tan preparados están los jóvenes que en unos años ocuparán los puestos de trabajo que necesitará la región.
El IMCO propone volver a medir
Ante este escenario, el IMCO plantea dos medidas principales.
La primera es restablecer una evaluación nacional de aprendizajes, estandarizada, comparable a través del tiempo y con resultados públicos. El objetivo sería contar nuevamente con información que permita identificar dónde están los problemas y medir si las políticas educativas realmente están funcionando.
La segunda propuesta consiste en que la Secretaría de Educación Pública defina qué contenidos de Matemáticas y Ciencias deben dominar los estudiantes en cada grado de secundaria, estableciendo progresiones y niveles de dominio nacionales, pero permitiendo que las escuelas adapten la enseñanza a las condiciones de cada comunidad.
La discusión resulta particularmente relevante después de años en los que México ha tenido dificultades para contar con mediciones nacionales consistentes que permitan comparar generaciones y conocer con precisión dónde se están perdiendo aprendizajes.
El reto está más allá de una calificación
Los resultados de PISA 2025 no son solamente una tabla de posiciones. El verdadero problema está en lo que esos números pueden significar para una generación completa.
Un estudiante que no comprende adecuadamente un texto tendrá dificultades para interpretar instrucciones, contratos, información científica o incluso noticias. Uno que no domina las matemáticas tendrá problemas para resolver situaciones cotidianas y posteriormente enfrentará mayores obstáculos en carreras técnicas o científicas.
Y un joven que llega a la vida adulta sin desarrollar habilidades sólidas para aprender por cuenta propia tendrá menos herramientas para adaptarse a un mercado laboral que cambia cada vez más rápido.
México todavía tiene una ventaja que los propios resultados de PISA dejan ver: los estudiantes quieren aprender. Existe curiosidad, disposición para pedir ayuda y una percepción positiva de la escuela.
El desafío, entonces, es que esa voluntad no se pierda en el camino.
Porque mientras los estudiantes muestran que quieren aprender, los resultados están diciendo que el sistema educativo no está consiguiendo que aprendan lo suficiente.
Y ese quizá sea el dato más incómodo de todos: México no solamente está lejos del promedio de la OCDE; está formando a muy pocos estudiantes capaces de alcanzar los niveles más altos de desempeño.
El lugar 37 de 38 puede convertirse en una estadística más si se queda únicamente en el papel. Pero detrás de ese número hay estudiantes que hoy están sentados en un salón de clases y que mañana tendrán que competir por oportunidades académicas y laborales.
El problema educativo de México, por tanto, no pertenece solamente a la SEP, a los maestros o a las escuelas. Es un asunto que terminará impactando a las ciudades, las empresas, las familias y a toda una generación.
Fuente : IMCO Centro de Investigación en Política Publica
Consulta el sitio de la publicación oficial https://imco.org.mx/pisa-2025/





