Ensenada, B.C., viernes 11 de septiembre de 2026.- La Baja 400 no solamente se corre sobre terracería. Durante 16 días, la competencia fuera de camino mueve hoteles, restaurantes, gasolineras, comercios, talleres, tiendas, servicios y negocios instalados a lo largo de la ruta, con una derrama económica estimada en 8 millones de dólares y una ocupación hotelera que podría alcanzar hasta el 92 por ciento.

La cifra fue dada a conocer por la presidenta municipal Claudia Agatón Muñiz, con base en proyecciones de Proturismo de Ensenada, para el periodo comprendido entre el 29 de agosto y el 13 de septiembre, cuando concluyen las actividades relacionadas con esta edición de la competencia.
La expectativa es que alrededor de 125 mil personas visiten Ensenada y las delegaciones involucradas durante ese periodo. Pero cuando se habla de una “derrama económica” de 8 millones de dólares, la pregunta que queda sobre la mesa es bastante más sencilla: ¿a dónde termina llegando todo ese dinero?
La respuesta no está en una sola caja ni significa que el Ayuntamiento vaya a recibir 8 millones de dólares. Una derrama económica es, en términos generales, el dinero que gastan visitantes, equipos, acompañantes y participantes durante su estancia y que termina circulando entre distintos negocios y prestadores de servicios.
En este caso, una parte importante puede terminar en hoteles, restaurantes, comercios, gasolineras, establecimientos de alimentos, talleres, refaccionarias, servicios de transporte y otros negocios que atienden las necesidades de quienes llegan a Ensenada con motivo de la carrera.
Es decir, los principales beneficiarios directos de esa actividad económica son los negocios y trabajadores que reciben el gasto de los visitantes, no el Gobierno Municipal como si se tratara de una recaudación directa.
La propia alcaldesa explicó que el Ayuntamiento no aporta dinero directamente para la organización de este tipo de competencias. Durante una declaración sobre el tema, Agatón Muñiz afirmó que el Gobierno de Ensenada no invierte recursos para realizar eventos como la Baja 500 y señaló que el municipio no cuenta con recursos para destinarlos a ese propósito.
“Nosotros no invertimos ni un peso en eventos como estos; no tenemos el recurso”, señaló la presidenta municipal.
La diferencia es importante: que el Ayuntamiento no entregue dinero para organizar la carrera no significa que no tenga participación alrededor del evento. De acuerdo con la explicación de la alcaldesa, el Gobierno Municipal sí realiza trabajos y facilita condiciones para que las competencias puedan desarrollarse, entre ellos la habilitación de rutas, raspado de calles, instalación y mantenimiento de luminarias y limpieza de arroyos.
Por lo tanto, el beneficio económico que se proyecta no debe confundirse con dinero que ingresa directamente a las arcas municipales.
El movimiento económico comienza incluso antes del día de la competencia. La agenda contempla diferentes etapas, entre ellas el reconocimiento de la ruta, revisiones, contingencias y finalmente la carrera, lo que permite que la actividad de visitantes se distribuya durante varios días y no únicamente durante el paso de los vehículos.
En el sector hotelero, una ocupación de hasta 92 por ciento representa una mayor demanda de habitaciones. Para restaurantes y establecimientos de alimentos, significa más mesas ocupadas y mayor consumo. Para gasolineras, talleres y comercios relacionados con vehículos, representa otro tipo de movimiento, especialmente por la llegada de equipos que requieren combustible, refacciones, reparaciones y distintos servicios.
También están los negocios que quizá no aparecen en las fotografías de la carrera, pero que forman parte de la cadena económica que se activa con la llegada de miles de personas.
Una familia que llega de otro municipio o estado necesita hospedarse, comer, trasladarse, cargar combustible y eventualmente comprar productos o contratar algún servicio. Un equipo de competencia tiene necesidades todavía mayores y permanece durante más tiempo en la región.
Ese dinero pasa de un establecimiento a otro y puede terminar beneficiando a empleados, proveedores y pequeños comercios. Esa es precisamente la lógica detrás del concepto de derrama económica: no se trata necesariamente de un pago único, sino de dinero que circula dentro de la economía local a partir del gasto generado por el evento.
La proyección de 8 millones de dólares también contempla una zona geográfica que va más allá de la mancha urbana de Ensenada. Agatón Muñiz señaló que la actividad considera tanto la ciudad como las delegaciones de Ojos Negros, Valle de la Trinidad, Eréndira, Santo Tomás y San Vicente.
Esto significa que el movimiento generado por la competencia puede extenderse hacia comunidades ubicadas dentro de la ruta, donde también existe consumo de productos y servicios por parte de equipos, visitantes y espectadores.
Para la séptima edición de la Baja 400 se contempla además la participación de alrededor de 165 equipos provenientes de 24 estados de Estados Unidos y de 12 países, lo que representa un flujo de participantes internacionales y nacionales que se suma al movimiento de aficionados.
La carrera, por tanto, funciona como un detonador temporal para diferentes actividades económicas. Sin embargo, decir que genera una derrama de 8 millones de dólares no significa que todos los negocios reciban la misma cantidad ni que ese dinero llegue de manera uniforme a todas las comunidades.
La derrama es una estimación del movimiento económico total asociado al evento y su periodo de actividades. El dinero se distribuye entre diferentes sectores dependiendo de dónde se hospeden los visitantes, dónde consuman, qué servicios contraten y cuánto tiempo permanezcan en la región.
Y ahí está una de las particularidades de Ensenada: buena parte del beneficio económico esperado depende de que el visitante gaste dentro del municipio y sus delegaciones, en lugar de limitarse a cruzar por la zona para acudir a la competencia.
Por eso hoteles, restaurantes, comercios y prestadores de servicios son quienes tienen una oportunidad más inmediata de capturar ese gasto.
El Ayuntamiento, mientras tanto, plantea su papel como facilitador. No organiza financieramente la carrera ni, de acuerdo con la alcaldesa, destina recursos municipales para pagar su realización, pero sí participa mediante trabajos y servicios que permiten que el evento pueda desarrollarse.
La administración municipal también utiliza estas cifras como argumento para destacar la importancia turística y deportiva de la competencia. Agatón Muñiz señaló que eventos de este tipo contribuyen a la generación de empleos y al fortalecimiento de la economía local.
Como referencia, la alcaldesa mencionó que la Baja 500 generó una derrama estimada en 10 millones de pesos, mientras que la edición anterior de la Vuelta a España alcanzó alrededor de 38 millones de pesos.
Son cifras que permiten dimensionar por qué los eventos deportivos se convierten en una apuesta atractiva para una ciudad turística: el gobierno no necesariamente tiene que ser quien organice o pague la competencia para que una actividad de este tamaño produzca movimiento económico alrededor.
Para este sábado 12 de septiembre, cuando se lleve a cabo la Baja 400, el reto será que esa afluencia se traduzca efectivamente en consumo y actividad para los negocios locales, al mismo tiempo que se mantiene la seguridad de participantes y espectadores.
Porque detrás de los motores, el polvo y la competencia existe otra carrera que ocurre en paralelo: la de hoteles, restaurantes, comercios y prestadores de servicios por captar parte del dinero que traen los visitantes.
La proyección oficial habla de 8 millones de dólares y hasta 92 por ciento de ocupación hotelera. El Gobierno Municipal no será quien se quede con esa cantidad. La derrama se repartirá entre quienes vendan una habitación, sirvan un desayuno, llenen un tanque de gasolina, reparen un vehículo, vendan una refacción, ofrezcan un servicio o atiendan a alguno de los miles de visitantes que llegarán durante estas semanas.
En otras palabras, la Baja 400 podrá ser una competencia deportiva para quienes la corren y un espectáculo para quienes la observan, pero para buena parte del sector privado de Ensenada también representa una oportunidad comercial que dura mucho más que los minutos en que los vehículos pasan frente a los espectadores.





