Ensenada, B.C.- Martes 25 de agosto de 2026.- Esta vez no hubo una orden que seguir, una emergencia que atender ni una competencia en la que demostrar su capacidad. Esta vez, Boris simplemente tuvo que descansar. El agente K-9 Boris Van de Zilberenloop, integrante de la Fuerza Estatal de Seguridad Ciudadana (FESC), murió después de ser diagnosticado con cáncer de páncreas incurable, una enfermedad que avanzó hasta afectar gravemente su cuerpo y provocarle un sufrimiento que ya no podía ser revertido. Ante esta situación, sus cuidadores tomaron la difícil decisión de practicarle la eutanasia, poniendo fin a sus últimos momentos de dolor y dando paso a una despedida que, para quienes compartieron con él años de servicio, estuvo cargada de recuerdos.

Este martes, elementos de la FESC, integrantes de distintas unidades K-9 de Baja California y personas que conocieron de cerca su trayectoria se reunieron para rendirle homenaje durante sus honras fúnebres. En medio de la ceremonia se realizó su último pase de lista, uno de los momentos más significativos para cualquier elemento de una corporación, pero que en el caso de Boris tuvo un significado todavía más especial. Porque durante cuatro años no fue simplemente un perro entrenado para cumplir funciones policiales; fue un compañero de trabajo, un integrante del equipo y, después de su jubilación, un miembro de la familia de su manejador, el agente Ubaldo Lozano.

Boris nació en noviembre de 2017 en Países Bajos y llegó a Baja California en marzo de 2022, cuando fue integrado a las filas de la corporación como agente canino multipropósito. Su entrenamiento estaba enfocado en la búsqueda y detección de narcóticos, además de labores de guardia, protección e intervención, funciones que desempeñó en diferentes operativos y actividades de seguridad. Desde sus primeros años de servicio destacó por su disciplina, capacidad de trabajo y una característica que terminaría acompañándolo durante toda su trayectoria: una enorme tenacidad para continuar adelante incluso después de enfrentar situaciones particularmente difíciles.

Una de esas situaciones ocurrió el 10 de febrero de 2023, cuando Boris participó en un operativo de apoyo a elementos de la Dirección de Seguridad Pública Municipal de Ensenada en el Valle de Guadalupe. En ese lugar se registraba un enfrentamiento con una persona armada que permanecía atrincherada al interior de un domicilio. La intervención terminó con la muerte de un policía municipal y Boris resultó lesionado en una de sus extremidades delanteras. Aquella jornada pudo haber marcado el final de su carrera, pero el agente canino logró recuperarse y volvió a demostrar que todavía tenía mucho por delante.

Después de aquella experiencia, Boris continuó participando en actividades relacionadas con su entrenamiento y llegó a competir en eventos nacionales e internacionales. En 2023 obtuvo el premio a elección de los jueces durante el 26.º Campeonato Anual K9 del Sheriff del Condado de Riverside, en California, y ese mismo año recibió el trofeo al “Perro más tenaz”, un reconocimiento que terminó describiendo perfectamente parte de la historia que había construido dentro y fuera del servicio. La Federación Canófila Mexicana también reconoció su desempeño al nombrarlo Mejor Perro del Año 2022 en la categoría “Perro de Intervención” y Mejor Perro del Año 2023 en la categoría “Operaciones Especiales”.

Pero la historia de Boris no se limitó a los operativos ni a las competencias. También fue parte de actividades de proximidad social en escuelas y distintos espacios públicos de Baja California, donde niñas, niños, jóvenes y adultos pudieron conocer de cerca el trabajo de los binomios caninos. En esas demostraciones mostraba una faceta distinta a la del agente preparado para intervenir en una situación de riesgo: también era un perro capaz de generar cercanía y ganarse el cariño de quienes tenían la oportunidad de verlo trabajar.

Con el paso del tiempo llegó su jubilación y comenzó una etapa completamente diferente. Boris dejó atrás los operativos, los entrenamientos y las competencias para quedarse junto a su manejador, Ubaldo Lozano. La relación que ambos habían construido durante los años de servicio no terminó cuando Boris dejó de ser un agente activo. Al contrario, el vínculo continuó en casa, donde aquel perro que había acompañado a su manejador en situaciones de peligro terminó convertido en un integrante más de la familia.

Por eso, su despedida no representa únicamente la baja de un elemento más de una corporación. Para quienes estuvieron cerca de Boris, se trata de despedir a un compañero que compartió jornadas, riesgos, triunfos y momentos difíciles. Su historia quedó marcada por aquella intervención en el Valle de Guadalupe, por las competencias en las que demostró sus capacidades y por los reconocimientos que recibió, pero también por los momentos cotidianos que solamente conocen quienes convivieron con él durante años.

En sus últimos días, sin embargo, la situación fue completamente distinta. Boris fue diagnosticado con cáncer de páncreas incurable y su cuerpo comenzó a llenarse de tumores. La enfermedad avanzó hasta provocarle un sufrimiento que ya no podía ser solucionado. Entonces llegó una de las decisiones más difíciles para quienes lo querían: permitir que continuara padeciendo o ayudarlo a descansar. La decisión fue dejarlo ir de manera digna, después de una vida en la que, durante años, hizo exactamente aquello para lo que fue preparado: estar al lado de quienes necesitaban de él.

Este martes, durante su último pase de lista, la FESC recordó precisamente esa trayectoria. Boris fue despedido como agente, pero también como compañero y como parte de una historia que quedará en la memoria de quienes integran las unidades K-9 de Baja California. Los elementos que estuvieron presentes conocieron seguramente muchas de sus historias: el perro que entraba primero cuando había que intervenir, el que trabajaba junto a su manejador, el que después de una lesión volvió a competir y aquel que, ya retirado, simplemente disfrutaba de la tranquilidad de estar en casa.

Tal vez esa sea la parte más humana de su historia. Boris pasó buena parte de su vida entrenando para proteger a otros y enfrentando situaciones que requerían disciplina, confianza y valentía. Después de cumplir con su servicio, encontró un hogar donde pudo dejar atrás el trabajo y simplemente ser un perro querido. Y cuando la enfermedad llegó, quienes estaban a su lado tomaron la decisión más dolorosa precisamente porque lo querían: evitar que su última etapa estuviera marcada por un sufrimiento innecesario.

Hoy no quedan solamente sus reconocimientos, sus fotografías o las historias de los operativos en los que participó. Queda el recuerdo de un perro que fue capaz de levantarse después de una lesión, volver al trabajo y competir al más alto nivel. Queda también el recuerdo de un compañero que durante años estuvo al lado de un policía y que después terminó formando parte de su familia. Y queda, sobre todo, la memoria de Boris entre quienes tuvieron la oportunidad de conocerlo.

Boris llegó desde Países Bajos para servir en Baja California y terminó dejando una parte de su historia en Ensenada. Fue agente K-9, detector de narcóticos, elemento de intervención, competidor, ganador y, para muchas personas, un símbolo de la entrega y la tenacidad que caracterizan a los binomios caninos. Pero para Ubaldo Lozano y para quienes compartieron con él sus últimos años, seguramente siempre será algo más sencillo y mucho más importante: Boris, su compañero.

Después de cuatro años de servicio, de una lesión, de competencias, reconocimientos y miles de momentos compartidos, llegó el momento de quitarse definitivamente el uniforme. Esta vez no para entrar a otro operativo, sino para descansar. Y aunque su nombre ya no volverá a escucharse durante una jornada de trabajo, seguirá presente en las historias de quienes lo conocieron.

Misión cumplida, Boris.

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