Ensenada, Baja California.–El arranque económico de México en 2026 no fue el esperado. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el Producto Interno Bruto (PIB) registró una caída de -0.8 por ciento en el primer trimestre respecto al periodo anterior, mientras que en términos anuales el crecimiento fue apenas de 0.2 por ciento, reflejando un escenario de virtual estancamiento.

Este desempeño confirma una tendencia que no es nueva. La desaceleración económica del país comenzó desde mediados de 2024, tras el impulso temporal que dejó la recuperación posterior a la pandemia y el entusiasmo generado por el nearshoring, fenómeno que prometía atraer inversiones hacia México por su cercanía con Estados Unidos.
Sin embargo, ese impulso no logró consolidarse. Aunque la economía estadounidense ha mostrado recuperación en su sector industrial y las exportaciones mexicanas mantienen cierto dinamismo, el freno principal proviene del interior del país, particularmente de la inversión privada, que ha mostrado señales claras de debilidad.
Especialistas apuntan a factores como la incertidumbre en el entorno económico, cambios en las reglas institucionales y decisiones de política pública que han generado cautela entre inversionistas. Reformas estructurales, ajustes en organismos autónomos y modificaciones en el sistema judicial han sido señalados como elementos que impactan la confianza para invertir.
El contraste es evidente: mientras el sector externo ha sostenido parte del crecimiento, el motor interno pierde fuerza. Esto limita la capacidad de expansión de la economía y pone en duda la sostenibilidad del crecimiento en los próximos meses.
A nivel estructural, el problema es aún más profundo. El crecimiento promedio del país ha disminuido en los últimos años, pasando de alrededor de 2.3 por ciento anual en el periodo 2000-2018 a cerca de 1.1 por ciento entre 2019 y 2025, lo que evidencia un cambio de ritmo en la economía nacional.
Este menor dinamismo coloca a México en una posición compleja frente a otras economías emergentes, que suelen crecer a mayor velocidad. La baja productividad, la limitada innovación y la falta de condiciones óptimas para el desarrollo empresarial continúan siendo factores que frenan el potencial económico.
En este contexto, el inicio de 2026 deja claro que el país enfrenta un reto mayor: no solo recuperar el crecimiento, sino generar condiciones que permitan un desarrollo sostenido. La clave estará en fortalecer la confianza, incentivar la inversión y consolidar un entorno económico estable.





