Ensenada, Baja California, 17 de marzo de 2025. Convertirse en la primera mujer motociclista dentro de la Dirección de Seguridad Pública Municipal (DSPM) no fue fácil para Gabriela Santiago. Enfrentó miedos, superó obstáculos y se ganó un lugar en un ámbito tradicionalmente dominado por hombres. Su historia no solo es un testimonio de determinación, sino también una invitación para que más mujeres se sumen a esta labor.

Gabriela lleva nueve años dentro de la corporación y, desde hace seis, forma parte de la unidad de tránsito. Sin embargo, su camino no fue el que imaginó en un inicio. “Cuando entré, veía a los policías en la calle y pensaba que era una profesión increíble. Quería formar parte de eso”, relata.
Cuando le asignaron tránsito, tuvo dudas. “El cambio no era algo que yo quería porque, a diferencia del área operativa donde se trabaja en pareja, aquí andamos solos. Pensaba que no iba a poder con todo. Pero siempre he sido de las que piensan positivo, así que poco a poco fui adaptándome. Se me fue desarrollando el oído con el radio, aprendí la dinámica del patrullaje y la atención a la ciudadanía”, recuerda.
Sin embargo, el mayor reto estaba por venir: manejar una motocicleta.
El miedo a la motocicleta y el apoyo de sus compañeros
Hasta ese momento, Gabriela nunca había manejado una motocicleta, y la idea de hacerlo le generaba un temor genuino. “Le tenía miedo a la moto, pero en mi cabeza decía: ‘No me va a ganar. ¡Yo puedo!’”, confiesa.
Sus compañeros notaron su inquietud y, en lugar de presionarla, decidieron apoyarla en el proceso de aprendizaje. “Me decían: ‘¿Sabes andar en bicicleta y manejar un carro estándar? Pues es parecido’. Me motivaban a intentarlo y después del turno me pedían que tomara la moto. Íbamos al Libramiento nuevo, donde me ponían obstáculos para practicar”, relata.
Pero dominar la motocicleta no fue fácil. Durante los dos meses de entrenamiento, sufrió varias caídas, dos de ellas bastante fuertes. En algunas ocasiones, la motocicleta se le salió de control, y el miedo estuvo a punto de hacerla retroceder. Aun así, se negaba a rendirse.
“Claro que sentí miedo. En dos ocasiones me caí muy feo, pero decía: ‘No, yo no me voy a rajar’”, dice con determinación.
Los accidentes que no la detuvieron y la motivación de la gente
Los percances no se limitaron al periodo de entrenamiento. En una ocasión, ya en servicio, perdió el equilibrio y cayó al suelo. Sin embargo, lo que ocurrió después le dejó una gran lección.
“Los ciudadanos que estaban cerca no dudaron en ayudarme a levantarme. Me preguntaban si estaba bien, me daban palabras de aliento y me decían que era admirable lo que hacía. Eso me motivó aún más a seguir adelante”, relata.
A pesar de los incidentes menores, Gabriela no sufrió heridas graves y, con cada caída, su determinación se fortaleció. “Gracias a Dios, no me pasó nada serio, pero aprendí mucho. Entendí que este trabajo requiere fortaleza, tanto física como mental”, asegura.
Momentos de peligro y una oración en plena persecución
Como cualquier oficial de tránsito, Gabriela también ha vivido situaciones de alto riesgo. Una de las más impactantes ocurrió durante una persecución en la zona del Libramiento.
“El carro en fuga me pasó muy cerca, y en ese momento solo pensé: ‘Diosito, protégeme’”, recuerda.
Esa experiencia le dejó claro lo importante que es mantener la calma en situaciones extremas. Aunque sintió miedo, su entrenamiento y preparación le permitieron reaccionar de la manera correcta.
Más allá de los desafíos y peligros del trabajo, hay algo que motiva a Gabriela todos los días: el orgullo de su hija de 11 años. “Ella es mi mayor motivación. Saber que me admira y que se siente orgullosa de lo que hago me impulsa a seguir adelante”, dice con una sonrisa.

El orgullo de su hija y su llamado a más mujeres
Para ella, romper barreras no se trata solo de su propio crecimiento, sino de abrir camino para otras mujeres. “Hacen falta más compañeras que quieran integrarse a esta unidad. Mi visión es que algún día haya un equipo sólido de mujeres motociclistas. Y si alguna está interesada, yo les ayudo”, afirma con convicción.
La historia de Gabriela Santiago no solo es una prueba de que con esfuerzo y determinación se pueden superar los miedos, sino también un ejemplo de cómo las mujeres pueden conquistar cualquier espacio, incluso aquellos que antes parecían inalcanzables.





