La militarización es el proceso por el cual el estamento militar participa e incide en la sociedad, la política, la economía y la educación. La militarización en la política se plasma por la asunción, por parte de militares, de responsabilidades políticas.
En los últimos años algunos países de Latinoamérica volvieron a optar por por el uso de Ejército para poder imponer su forma de gobierno; en sentido el caso más reciente es Bolivia, donde los militares recomendaron a Evo Morales dejar el poder y en su lugar quedó un gobierno de facto.
Afortunadamente en México no ha ocurrido un golpe de Estado –y esperemos que nunca suceda–, pero desde el inició del gobierno de Andrés Manuel López Obrador la injerencia de las fuerzas armadas en diversas decisiones políticas, deja entrever que, de a poco, se está construyendo un nuevo poder fáctico.
Otro caso que llama mucho la atención, es que los militares se encargarán de las carreteras, puertos, aeropuertos, ferrocarriles, infraestructura de telecomunicaciones, sistema satelitales y otras obras que les asigne la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT).
Después de dar a conocer la influencia que la “Cuarta Transformación” le va dando a las fuerzas armadas, vale la pena rememorar las palabras de la politóloga Denise Dresser:
“Esto no es humanismo (asignar obras a la Sedena). Esto no es promoción de la paz. Esto es militarización. Es la construcción de un nuevo poder fáctico. Y el empoderamiento económico, político y decisorio del Ejército nunca trae consigo beneficios democráticos, sino al revés”.
