Ensenada, Baja California, 2 de julio de 2025.– Mientras en Tijuana el gobierno estatal presume avances palpables en la modernización del transporte con más de 45 mil 327 tarjetas electrónicas en circulación y una estrategia activa de eliminación del pago en efectivo, en Ensenada no se ha entregado ni una sola tarjeta. Los validadores instalados en microbuses desde hace más de un año siguen sin funcionar, y el sistema prometido permanece completamente inoperante.
A pesar de que en esta ciudad se aumentó la tarifa del transporte bajo la promesa de modernizar el sistema y digitalizar los cobros, la realidad es que el usuario ensenadense continúa pagando en efectivo en unidades deterioradas, sin aire acondicionado, sin medidas básicas de seguridad, y con un servicio que sigue lejos de ser digno.
La lista de accidentes habla por sí sola. El pasado 20 de enero, una joven atleta de 15 años, promesa ensenadense en salto de longitud y velocidad, fue embestida por un microbús de la línea Transfuturo, número 252, cuando se dirigía a entrenar. El conductor giró sin precaución y la atropelló. Desde entonces, su familia ha vivido un calvario médico, legal y económico. Ni la empresa ni la aseguradora han respondido.

Y no es un caso aislado
La mañana del lunes 2 de junio, otro microbús del transporte público protagonizó una escena que pudo terminar en tragedia. A las 7:43 horas, en la colonia Popular 1989, una unidad descendía por la calle Cabo San José. Al llegar al cruce con Punta China, el conductor perdió el control. La unidad no se detuvo. Terminó incrustada en una vivienda de madera. Por milagro, no hubo heridos. Las autoridades acudieron solo para realizar una valoración médica. ¿Hasta cuándo va a durar esta suerte?
Con este panorama, surge una pregunta lógica: ¿de qué sirvió aumentar la tarifa del transporte si nada cambió? En su momento se dijo que los recursos servirían para incorporar unidades modelo 2015, implementar un sistema de cobro electrónico y dignificar el servicio. ¿Dónde está todo eso? ¿Quién se está beneficiando?
Durante su campaña y en múltiples actos públicos, la gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda prometió a los ensenadenses un transporte moderno, digno y eficiente. Incluso se aseguró que con el aumento a la tarifa se avanzaría en la renovación. Hoy, esa promesa parece extraviada entre los colores de los validadores que no funcionan, los camiones viejos que siguen circulando y la ausencia total de un sistema que verdaderamente mejore la vida de quienes dependen del transporte público todos los días.
En entrevista con Ensenada 1 Noticias en el mes de abril, el titular del Instituto de Movilidad Sustentable (IMOS), Jorge Alberto Gutiérrez Topete, reconoció que el proceso ha sido más difícil de lo previsto. Explicó que la pandemia afectó fuertemente al sector, generando quiebras técnicas. Agregó que el principal esfuerzo actual se centra en la implementación del sistema de recaudo electrónico. ¿Pero de qué sirve un sistema de cobro si no hay tarjetas ni lectores funcionando?
Gutiérrez Topete también señaló que la falta de personal capacitado para implementar la tecnología ha generado retrasos, un problema que también se vive en Tijuana y Mexicali. Sin embargo, insiste en que se avanza, aunque sea lentamente, y que se están considerando alternativas como vehículos eléctricos. ¿Alguien ha visto uno?
Mientras tanto, las famosas patrullitas del IMOS recorren la ciudad con precisión quirúrgica para sancionar a los transportistas. Multas por aquí, multas por allá. Eso sí funciona bien. Lo que no avanza es la renovación del parque vehicular, la seguridad del pasajero, o el funcionamiento real del sistema que se prometió. De sustentable y de movilidad, el instituto solo tiene el nombre.
El Plan Maestro de Movilidad sigue siendo una promesa más. En la práctica, las calles por donde circulan los camiones están en condiciones deplorables. Baches, hundimientos, banquetas inexistentes. Y los transportistas, sin apoyo real, siguen operando con lo que pueden.
Hoy, los validadores son el símbolo más claro de una modernización fallida. No hay tarjetas. No hay renovación. No hay seguridad. Y lo que sí hay —eso sí— es desinformación, excusas y promesas recicladas.
Por su parte, en Tijuana, el Instituto de Movilidad Sustentable del Estado (IMOS) anunció que desde el 1 de julio de 2025 comenzó formalmente el proceso de eliminación del pago en efectivo en el Corredor Agua Caliente-Díaz Ordaz. Se estima que este proceso finalizará en septiembre, cuando el sistema funcione únicamente con tarjetas electrónicas.
Más de 45 mil personas ya usan tarjetas en Tijuana, que pueden adquirirse en el módulo del tercer piso de Plaza Patria, en tiendas OXXO a lo largo del bulevar Agua Caliente y con promotores ubicados en paraderos del corredor. Además, se están distribuyendo tarjetas preferenciales para estudiantes, personas con discapacidad y adultos mayores, quienes pueden acceder a una tarifa reducida de $8 pesos, mientras que el resto de los usuarios paga $16 pesos con tarjeta.
En contraste, en Ensenada no existe ningún módulo de emisión, ningún punto de venta, ni siquiera una estrategia visible o una fecha estimada para implementar el sistema. La ciudadanía, que pagó un incremento en la tarifa bajo el argumento de implementar un sistema de recaudo electrónico, sigue esperando sin respuesta. Ni una sola tarjeta ha sido entregada. Cero usuarios. Cero avances.
Los validadores, que fueron instalados desde 2023 en las unidades de transporte urbano, lucen como parte de la decoración: azules, guindas, verdes o grises, pero completamente inútiles. No hay recargas, no hay tarjetas, no hay señal de vida tecnológica. La “modernización” es solo un discurso reciclado.
Mientras tanto, las unidades de transporte en Ensenada continúan siendo las mismas: vehículos viejos, contaminantes, con ventanas rotas, asientos en mal estado, sin frenos o con conductores distraídos. Se siguen reportando incidentes como atropellamientos, accidentes contra viviendas o paradas de emergencia por fallas mecánicas, sin que las autoridades logren implementar medidas efectivas.
El director del IMOS, Jorge Alberto Gutiérrez Topete, ha reconocido en repetidas ocasiones que el proceso ha enfrentado obstáculos, como la falta de personal capacitado y los rezagos financieros postpandemia. No obstante, en Tijuana el avance es evidente. En Ensenada, lo único que avanza es la frustración ciudadana.
Además, mientras los funcionarios aseguran que se trabaja en ampliar la red de recarga, en implementar tecnologías de cobro y en promover vehículos eléctricos, Ensenada ni siquiera figura en los planes inmediatos. La movilidad sustentable, la digitalización del transporte y la dignificación del servicio siguen siendo, para esta ciudad, una deuda sin fecha de pago.





