Ensenada, B.C., 16 de junio de 2026-La suspensión de los Bomberos Voluntarios de San Vicente ha dejado a miles de habitantes de la zona sur del municipio en una situación de vulnerabilidad extrema. Durante más de dos décadas, este cuerpo de emergencia fue la primera respuesta en accidentes carreteros, incendios y emergencias domésticas. Con recursos mínimos y un compromiso absoluto, salvaron vidas y protegieron patrimonios. Hoy, sin insumos, sin médicos y con un apoyo institucional prácticamente inexistente, se vieron obligados a cerrar sus puertas.
Voces de los bomberos: abandono y frustración

Los propios voluntarios han denunciado que el único respaldo recibido del Ayuntamiento eran apenas 50 litros de combustible por semana, insuficientes para mantener en operación las unidades de emergencia. “Con esa cantidad no podemos cubrir ni una fracción de las necesidades de la comunidad”, señalaron. La falta de equipo, insumos y capacitación los dejó en una situación insostenible, obligándolos a suspender actividades pese a la alta demanda de auxilios en la región.
San Vicente se encuentra a más de 90 kilómetros de la cabecera municipal. Esa distancia convierte cada emergencia en una carrera contra el tiempo. Los bomberos locales eran la diferencia entre una atención inmediata y una tragedia. Ahora, las familias dependen de unidades que tardan demasiado en llegar, lo que puede significar la pérdida de vidas y hogares. Para los voluntarios, el sentimiento es de impotencia: saben que cada día sin servicio aumenta el riesgo de que una comunidad quede desamparada.

La exigencia institucional
La regidora del XXV Ayuntamiento, Daniela García Salgado, ha denunciado públicamente este abandono y exigido atención inmediata. Desde su oficina envió oficios a Presidencia Municipal y a las dependencias correspondientes, subrayando que la prestación del servicio de bomberos es una responsabilidad directa del gobierno municipal. “Es inadmisible que quienes han servido a su comunidad por más de 20 años tengan que cerrar sus puertas por falta de respaldo. Los habitantes de San Vicente merecen seguridad y respuesta efectiva de sus autoridades”, declaró.
García Salgado también exigió que los voluntarios sean incorporados de manera inmediata a las capacitaciones y entrenamientos impartidos por la Dirección de Bomberos, recordando que los tiempos de respuesta en comunidades alejadas son determinantes para salvar vidas. “Ya hemos realizado las gestiones institucionales necesarias y no vamos a detenernos hasta que este problema quede resuelto”, afirmó.
Una comunidad en riesgo
Mientras tanto, el silencio oficial frente a esta crisis es tan grave como el propio abandono. No hay comunicados, no hay estrategia pública, no hay respaldo real. Es como si los bomberos nunca hubieran existido, como si sus años de servicio fueran invisibles para quienes hoy tienen la obligación de proteger a la ciudadanía.
San Vicente no pide privilegios, pide lo mínimo: que se reconozca y respalde a quienes ya demostraron estar dispuestos a arriesgarlo todo por su comunidad. Ignorar esa demanda es condenar a la población a la vulnerabilidad y a la tragedia. La pregunta es cuánto tiempo más se permitirá que una comunidad quede sin protección, mientras las autoridades siguen mirando hacia otro lado.





