Ensenada, Baja California, 30 de mayo de 2025.– Algo alarmante ocurre en las costas de Baja California: entre 2016 y 2022, la población de foca de puerto del Pacífico (Phoca vitulina richardii) se desplomó en más del 60%, pasando de 7 mil 380 ejemplares a tan solo 2 mil 863. Así lo confirmó un equipo de investigación conformado por estudiantes y científicas del CICESE, la UABC y la Universidad de las Américas Puebla, quienes advierten que esta disminución no solo es significativa, sino urgente de atender.

De acuerdo con el estudio publicado en la revista científica Biodiversity and Conservation, los principales factores detrás de este descenso son el aumento de la temperatura superficial del mar y la extracción de piedra bola en las costas, dos actividades humanas que han alterado de forma crítica el hábitat y la disponibilidad de alimento para esta especie marina.
María Guadalupe Ruiz Mar, estudiante de doctorado en Ciencias de la Vida del CICESE y primera autora del artículo, explicó que los conteos se realizaron a través de campañas aéreas llevadas a cabo en 2016, 2018, 2019 y 2022. Las imágenes obtenidas desde avioneta a 300 metros de altura fueron analizadas con software especializado, identificando focas una por una. El resultado fue contundente: el número de ejemplares cayó en todas las colonias conocidas, tanto de forma individual como en el total regional.
Actualmente, la foca de puerto solo se encuentra en las costas e islas de Baja California. Su distribución comprende lugares como las islas Coronado, Todos Santos, San Martín, San Jerónimo, Natividad, Cedros, San Benito, San Roque y Asunción, además de algunos puntos costeros. Sin embargo, mientras que en 2009 existían 44 colonias, en las campañas recientes solo se identificaron cuatro.
“En todas las colonias está disminuyendo el número de focas, tanto en cada sitio como en el conteo total para toda el área de Baja California. La caída es drástica, sí es importante”, expresó Guadalupe con preocupación.
El análisis de datos ambientales reveló un incremento promedio de 0.7 grados centígrados en la temperatura superficial del mar, lo cual tiene un impacto directo en el comportamiento y alimentación de las focas. Sus presas naturales se desplazan a otras zonas, dejándolas sin alimento. Además, la actividad de extracción de piedra bola altera sus áreas de descanso y reproducción.
“Son animales muy susceptibles al disturbio. Al menor ruido, huyen al agua. Y en temporada de lactancia, este estrés puede afectar severamente el proceso de amamantamiento”, señaló la investigadora. La perturbación humana no solo las desplaza, sino que también compromete la crianza de las crías y la estabilidad de las colonias.
Aunque no se cuenta con evidencia concluyente sobre una posible migración hacia el norte, Guadalupe anticipa que en su tesis doctoral incluirá un segundo estudio con análisis genéticos para investigar si ha habido movimiento entre islas o de la costa a las islas. Hasta ahora, todo indica que la foca de puerto no es una especie migratoria ni se desplaza fácilmente entre colonias.
El proyecto es codirigido por las científicas Gisela Heckel Dziendzielewski (CICESE) y Yolanda Schramm Urrutia (UABC), y pone sobre la mesa la necesidad urgente de implementar medidas de conservación y políticas públicas enfocadas en la protección de la especie y su hábitat.
“Hallazgos como estos son fundamentales para que las autoridades comprendan la magnitud del problema y tomen decisiones informadas. De lo contrario, podríamos estar viendo las últimas generaciones de focas de puerto en Baja California”, concluyó Ruiz Mar.





